martes, 3 de abril de 2012

No soy ninguna puta princesa jodidamente caprichosa a la que le tengan que dar todo hecho. Soy la que te espera en silencio; la que no está a tres metros sobre el cielo, sino en la otra punta del universo; la que se queda en casa cuando le da la gana; la que pasa del mundo; la que odia el naranja; la que no se pone vestidos ni faldas; la que prefiere unas converses gastadas; la que quiere piercings y se haría tatuajes si no tuviera ese pánico a las agujas; la que lleva el pelo largo; la que se pinta los ojos de negro; la de la sonrisa traviesa; la que adora las películas de amor y llora como es estúpida; la que antepone a sus amigas; la que se tira la noche entera despierta leyendo o escuchando música; la que le gustan los retos; la que odia a medio mundo; la que no te va a pedir perdón porque tiene su orgullo; la que te va a gritar si te pasas un poquito. No soy la típica chica de cuento, pero eso no quita que no te quiera igual o más que cualquiera de ellas.

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