Un día te levantas y solo piensas en cómo te va a salir un examen, y al siguiente, sin querer, casi por casualidad, lo único en lo que puedes pensar es en esa mirada, su pelo, sus ojos, su sonrisa, su forma de reírse, sobre cómo vas a poder hablar con él. Es tan complicado, anticipas, imaginas, sueñas con el momento en el que os encontréis. Y sonríes cuando lo ves pasar, o te haces la interesante ignorándole, aguantando para no darte la vuelta de golpe.

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