miércoles, 18 de enero de 2012

Me gusta cantar. No me gusta que la gente grite cuando habla. Me gusta hacer el gilipollas. No me gusta andar rápido. No me gusta que la gente tenga en cuenta lo que piensen los demás. Me gusta bailar a todas horas. No me gusta el café. Me gusta hacer fotos y que me hagan. No me gusta la gente que va de enterada, pero en realidad es una ignorante de la vida. Me gusta comer chuches. No me gusta que la gente intente quedar bien con todo el mundo. Me gusta expresar lo que siento en cada momento. No me gustan los videojuegos. Me gusta escuchar música hasta que mis tímpanos revienten. No me gusta ver la televisión. Me gusta regalar y que me regalen. No me gusta que dramaticen. Me gusta recorrer mundo y conocer gente nueva. No me gusta que me toquen el pelo. No me gustan las verduras. Me gusta estar con las personas que quiero y ayudarlas en todo lo que pueda. No me gusta que se preocupen por mí. Me gusta abrazar y que me abracen. 


En resumen: Me gusta saltarme las normas, hacer lo contrario de lo que me aconsejan, tirarme de cabeza, acelerar a fondo; lo lógico me aburre, lo perfecto me agobia, las ataduras me oprimen y lo rutinario me cansa.

Y así, me podría pasar días y días hablando de lo que me gusta y lo que no. ¿Pero qué más da? Si quien me quiere de verdad, ¡me va a querer tal y como soy!

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