Es como dos términos que se contradicen, estar en el gris, y no en el blanco ni en el negro, porque te arrasa por dentro, pero aún así te hace la persona más feliz del mundo.
Cuando estás con él, todo se pone de color rosa, tu corazón no entiende de mejores amigas que necesiten tu ayuda, lo dejas todo por estar a su lado.
Pero después llegan las locuras, los ojos que ven cosas, los oídos que escuchan, y lo odias, si, lo odias.
Lo quieres a tu lado pero al mismo tiempo lejos, muy lejos de ti, lo quieres oir, pero no tocar, quieres que se preocupe por ti pero después lo rechazas, porque lo quieres tanto, que llegaste a odiarlo, le quieres, pero le odias y lo mejor que se te pudo ocurrir es matarlo, matarlo para quitarte un peso de encima, para sentir que el odio ya no es odio por el simple hecho de que ya no vive, y despues de ello acostarte a su lado y acariciarle para sentir así lo mejor del amor, sentimientos que no se mezclen, odio y amor que ya no existan, solo amor, el orgasmo de quererle como a nada en el mundo.
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